La tumbona y el gin tónic

 

gin tonic1

Unos dicen que la suerte la encuentras, sólo si la buscas. Que hay que trabajarla con tesón para que llegue. Otros piensan que invocando al Universo y pensando en ella, seguro que al final, éste te escucha y acaba cumpliéndose aquello que deseas. Luego están los que piensan que nunca nada les va bien. Que todo lo suyo es lo peor, no valoran lo que tienen, lo que consiguen. Solo piensan en lo desgraciados que son y se recrean. Además, proyectan a su alrededor esa tristeza y desánimo. Quieren que todo su entorno sea partícipe de tanta desdicha.

Os propongo un ejercicio para estos días de vacaciones de verano. Cuando estéis relajados y tranquilos, sentados en la tumbona de la piscina o debajo de la palmera en la playa, os tomáis un gin tónic y cogéis papel y boli. Os recomiendo escribir qué cosas queréis cambiar de vuestra vida. Siendo honestos y sinceros. Y luego, pensáis qué vais a hacer para cambiarlas. Un consejo: quién mucho abarca, poco aprieta. Mejor un par de retos “conseguibles” que una lista de deseos imposibles. Así no os frustraréis si no lo conseguís, y saborear el éxito de los beneficios obtenidos será más gratificante.

¿Por qué digo lo de “qué vais a hacer” para cambiarlas?. Porque esta semana ya he coincidido con tres personas de mi entorno personal que no están satisfechas con su vida. Sin embargo, cada vez que hablo con ellas, solo me repiten el mismo discurso, destructivo y desolador. Siempre les digo que no avanzan, solo miran atrás, y no hacia delante. Creo que es muy lícito pensar así, pero el desánimo solo llama al desánimo. Todos necesitamos nuestros tiempos para asumir y digerir lo que nos ocurre, pero instalarse en verlo todo de color negro tiene el peligro de que al final estemos más que confortables en ese agujero.

Para conseguir cambiar, hay que querer cambiar. Y una vez nos propongamos, de verdad, cambiar lo que no nos gusta de nuestra vida, hay que decidir qué compromisos asumimos para lograrlo. Ejemplos: bailar salsa un día a la semana, hacer kaiak los domingos por la mañana, cenar con las amigas todos los miércoles.

Por cierto, esta receta también vale con otra bebida rica muy fría, si no os gusta el gin tónic. ¡Feliz semana!

Un regalo para Paula

zapatitos niño

Os dejo este post, que es un cuento rápido de leer. ¡Espero que os guste y os ayude a pasar mejor el calor!

“Eran las 5h 40 de la madrugada. Salió de la habitación 563 despacio, cerrando la puerta con cuidado. No quería dejar de mostrarle a la Sra Maria todo el respeto que merecen las personas, aún cuando acaben de fallecer y ya no puedan oírnos. En estos quince días de convivencia estrecha con ella en el turno fijo de noche del Hospital del Mar, le había demostrado a Paula más cariño que su propia abuela en toda su vida.

Se sentó despacio en el despacho de enfermeras, cogió el teléfono y llamó a la funeraria. La paciente no tenía familia, ni directa ni cercana, por lo tanto, ellos debían hacerse cargo de todo. Llegó Carmen que entraba en el turno de mañana y le dió el relevo.

El reloj marcaba las 6h cuando entró en el ascensor, ya cambiada de calle. Una vez en la cafetería de la planta baja, pidió un café con leche muy caliente y un bocata de pan con tomate y fuet. Todo para llevar. Le gustaba desayunar al alba, en el bus de vuelta a casa, con calma y observando como la ciudad despertaba del sueño.

Cuando llegó, abrió la puerta del portal y entró. Observó que en su buzón había propaganda del Carrefour. La tiró a la basura. Subió las escaleras y llegó al 1-1. Llamó al timbre. Juan, su compañero de piso, le abrió la puerta, en pijama y con una taza de cola cao en la mano. “Buen día, compi” – le dijo, mientras sonreía despacio. “Gremgsrisdja” – masculló él sin tan siquiera mirarla de reojo.

Cerró la puerta tras de sí, dejó el bolso y la chaqueta en la silla del comedor. Se quitó los zapatos y los dejó en la terraza para que se ventilasen. Fue al baño, se lavó los dientes y la cara, se puso el pijama y se hizo una coleta para dormir mejor.

Buenas noches Juan”- dijo antes de abrir la puerta de su cuarto. “Gremgsrisdja” – volvió a contestarle. Entró y cerró de golpe. La habitación era pequeña y acogedora. Abrió la cama y cuando iba a meterse en ella, observó que había unos pequeños zapatos de niño, blancos y con rayas azules. Dentro de uno de ellos, un cheque del BBVA a su nombre con 3000€. Estaba muy, muy asombrada.

  • ¿De quién eran?
  • ¿Por qué a ella?
  • ¿Cómo habían llegado hasta allí?.

Dentro del otro, una nota que decía: “Paula, gracias por cuidarme tanto. Tu cariño ha sido infinito. Te dejo mis ahorros en este cheque. Guarda estos zapatos con cariño, eran de mi único sobrino Fernando. Murió en la misma habitación 563, con solo 5 añitos”.

Ella pensó que no era momento de responderse preguntas difíciles y que no había mejor ocasión que usar ese dinero para independizarse del agrio de Juan”.

Moraleja: siempre, siempre, siempre, ayudar a quién lo puede necesitar y tratar bien a los demás, tiene recompensa. Aunque a veces solo sea la satisfacción de poder dormir bien por las noches.

La Comunidad

cohousing

Ayer tuve una cena con mis compañeros del curso de escritura creativa. Estuvimos hablando de la vida de pueblo, de mi nueva vida y de lo que suponen los cambios cuando te mudas. Pasar de vivir en una ciudad, con la discrección y anonimato que comporta (muy apreciado por mí y muy acorde con mi forma de ser) a esta nueva forma de relacionarme, es cuanto menos, curiosa. El primer contacto con mis nuevos vecinos podría asemejarse al primer día cuando llegas nuevo a un trabajo. He tenido el dudoso placer de ser interrogada por un grupo de vecinas de edad madura, muy majas ellas. Me llevé la impresión de que previamente se habían puesto el objetivo de averiguar en menos de cinco minutos todo lo que fuera posible sobre mi vida. De hecho, pude comprobar que ya tenían bastante información cuando me asaltaron en la piscina. Me sentí como si me hicieran una especie de entrevista de trabajo, aunque me sacaron poco y fue contradictoria. ¡Yo, no me contrataría!

También tengo en mi comunidad a aquellos que se hacen los indiferentes. Es decir, vecinos de rellano que no te miran en el ascensor, tampoco saludan en las zonas comunes, que te observan desde lejos, de reojo, o entre cortinas…como lo haría la vieja del visillo. A éstos, los he visto desde mi coche, en la calle, sacando medio cuerpo por su terraza para intentar alcanzar la mía. No sé cuál era su objetivo pero creo que descubrir qué tipo de ropa tenía tendida tampoco era nada digno de tal …¿hazaña?.

Por otro lado, me he topado en mi nuevo camino al líder, al que tiene la autoritas aunque no tenga la potestas. Fue presidente de la comunidad durante unos años y sigue ejerciendo “en la sombra”. Con este vecino bien. Me ha ayudado cuando lo he necesitado. Parece tener una base de datos con toda la información relevante de la comunidad. Sería una especie de Manual de Acogida de una compañía, que debes tener en tu poder si quieres integrarte bien cuando eres nuevo en el trabajo.

Como en cualquier empresa, también tengo perfiles internacionales. En principio, nos debería ayudar a enriquecer culturalmente el vecindario. Sin embargo es una familia de chinos, muy sigilosos y discretos ellos. No sé si porque no conocen el idioma, son tímidos o pasan olímpicamente del Manual de Acogida, pero el caso es que si no estuvieran, nadie los notaría en falta. Una lástima, la verdad. Me han contado las vecinas que me hicieron la entrevista en la piscina, que son los dueños del “Todo a 100” que hay unas calles más abajo. ¡Bueno saberlo!.

Y por último, señoras y señores, me he encontrado con una persona que creo que podré contar, si de verdad lo necesito. Una vecina mayor, de porte elegante y buena presencia. Muy amable, el otro día me indicó dónde vivía y luego me preguntó dónde vivía yo. A continuación, simplemente me dijo: “Cristina, cuenta conmigo si necesitas algo. Solo tienes que bajar y pedírmelo; que pases una buena tarde“. Soy fan de esta nueva vecina. Discreta y sin otra pretensión que la de ser buena compañera, pero sin avasallar ni invadir. Me encanta. De estos perfiles, también los he tenido en mis trabajos y alguno sigue siendo buen amigo hoy, aunque hayan pasado los años.

¡Que tengáis un buen fin de semana!

El gran Woody Allen

Dice el gran Woody Allen que: “solo me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida“. 

Esta frase la leí esta semana en Linkedin y me gustó. Me viene como un guante al momento que estoy viviendo. Muchos cambios, todos juntos y a la vez. A veces, me siento como los malabaristas cuando manejan varias pelotas pequeñas en el aire y su objetivo es que ninguna caiga al suelo. 

Esta semana cambié de casa. Aproveché esta nueva (y creo que puedo decir definitiva) mudanza para volver a “soltar lastre”. Tirar de nuevo a la basura, lo viejo, lo que no aporta, aquello que ya no suma y solo nos va a llevar de nuevo al pasado.

Os recomiendo hacer, de forma periódica, mudanza en vuestra vida. Revisar qué llevas en la mochila, que te pese y que te impida caminar ligero hacia un mejor futuro…suéltalo. ¡Verás que bien te sienta!.

Instalada ya en mi casa nueva puedo deciros que, desde el primer día, lo sentí hogar. Un refugio en el que ya he empezado a forjar mis nuevos retos y objetivos. 

Pensar en ellos, en lo que voy a conseguir y cómo lo voy a disfrutar en el camino… ya me hace feliz. 

Como me dijo mi hermana Maria, que es muy sabia, la tarde que dejé las llaves de mi antiguo piso: “Cristy, la vida son ciclos y estás feliz porque has logrado cerrar y bien cerrado, uno que era complejo. Felicidades“. 

Sin duda, sin personas como ella o como otras de mi entorno más íntimo, nunca lo habría logrado. ¡gracias!. Si es que, para mirar al futuro, hay que dejar de mirar al pasado. 

Los conjuros de la Noche de San Juan

foto hoguera de san juan

Hoy tendremos una noche mágica y aquí, como nos acompaña un invitado especial llamado Mar Mediterráneo, es aún más bonita de disfrutar. Celebramos la llegada del verano con hogueras, fuegos artificiales y petardos para niños y mayores. Las playas se llenan de gente que aprovecha el buen tiempo para bañarse, cenar con los amigos y familia, y disfrutar hasta altas horas de la madrugada.

Esta fecha tan especial parece tener un origen pagano que, cuanto menos, es curioso. Cuenta la leyenda que el Sol estaba enamorado de la Tierra y se resistía a abandonarla. Por ello se festeja, en la noche más corta del año, el cambio de estación. A esto se une la superstición de que ese día era el ideal para ahuyentar a los malos espíritus y atraer a los buenos, así como para librar encantamientos de amor y fertilidad.

Sin embargo, cuando llegó el cristianismo, su significado cambió. Zacarías mandó encender una hoguera para anunciar a sus parientes el nacimiento de su hijo, Juan Bautista, que coincidía con la noche de solsticio de verano. Para conmemorar esa fecha, los cristianos encendían grandes hogueras y celebraban diversos ritos a su alrededor, con la presencia de una Cruz. Por eso la festividad se llama “La Noche de San Juan”.

El caso es que, por suerte o por desgracia, mañana todo será igual. Nos levantaremos con o sin resaca, más o menos cansados (en función de la hora que nos hayamos acostado) pero nuestra vida seguirá como la noche anterior.

Y aunque me puede resultar más mágica la versión “pagana” del origen de la fiesta, tengo que confesaros que todos esos conjuros especialmente diseñados para cambiar nuestras vidas (como que si nos bañamos en el rocío esta noche, estaremos protegidos un año, o que si los solteros/as miran la luna a medianoche, verán el amor de su vida, o que si quieres saber cuándo vas a morir, solo tienes que mirarte desnudo y de espaldas en un espejo a medianoche solo con una luz de vela) son solo eso, conjuros. No creo que sea gracias a ellos, que nuestra vida cambie, sin más.

Como reza el anuncio: “y para todo lo demás, MasterCard”. O sea que para conseguir un objetivo en la vida, solo vale el esfuerzo y la perseverancia. Ojalá consiguiéramos nuestros propósitos con estos conjuros, pero habrá que poner algo más de nuestra parte si queremos cambios.

Me gusta una frase que dijo el Premio Nobel de la Paz, Nicolás Murray Butler: “hay tres grupos de personas: los que hacen que las cosas pasen, los que miran las cosas que pasan y los que se preguntan qué pasó”.

Tengo que confesaros que en este tema, yo siempre quiero ser del primer grupo, es una debilidad que tengo.

¡Feliz verbena!

 

¡Esto siempre se ha hecho así!

piscina

Hace unos quince días fui a nadar a la piscina que voy siempre. Era mediodía. Hacía un calor horrible y muchísima humedad ambiental. El termómetro marcaba 42 grados. Hablando con el socorrista, me comentaba que hasta después de la verbena de San Juan no abrían el techo desmontable. Me quedé horrorizada. Con este calor que estamos sufriendo sería insoportable ir a nadar. Aquél día, tuve que salir antes del agua, porque no aguantaba el bochorno.

Al salir de las instalaciones, pasé por secretaria y pedí una hoja de sugerencias. Y escribí algo que era obvio: “¡abran el techo por favor, o no lo contamos!”. Al día siguiente, habían abierto un trocito de techo al final de la piscina, para que pasara algo de aire de la calle. La temperatura ambiente era de 40 grados. “Ole, ole” – pensé yo. En secretaria me dijeron: “esto siempre se ha hecho así”, al referirse a que siempre abrían a final de junio. Tengo que deciros que el resto de los días he procurado ir a primera hora, sobretodo para que no me diera un soponcio.

El caso es que este lunes fui a nadar a media mañana. Y mi sorpresa fue que a las doce, el termómetro marcaba 42´5 grados. Haciendo un cálculo rápido, sobre las dos de la tarde, podíamos cocinar unos huevos fritos sin problema.

El socorrista que estaba de turno me contó que a las tres de la tarde daba clase de acuagym desde la calle, porque no soportaba el calor. Además, que varios usuarios habían salido mareados del agua. Esa misma mañana, habían vaciado una de las piscinas a la mitad para rebajar su temperatura, porque era demasiado alta. “¡Increíble!” – pensé.

Salí a secretaria y hablando con los administrativos, la respuesta fue la misma: “esto siempre se ha hecho así”. Quizás fue fruto del calor, que me afectaba el cerebro, pero por primera vez en mi vida, pedí una hoja de reclamaciones. La rellené y la llevé al organismo oficial correspondiente (después de una mañana de colas y paseos arriba y abajo, porque ningún funcionario de los tres sitios que fui, sabía realmente quién debía atender esta queja).

Ayer volví, por la tarde, con la esperanza de que el agua estuviera algo más fresquita. Mi sorpresa fue encontrarme toda la piscina descubierta. ¡Que bien nadé, señores!.

Pregunté en secretaria y su respuesta fue: “con razón había que abrir el techo, no quedaba otra, con el calor que pega”. “¡Increíble!” – volví a pensar yo. Algo que sin duda es obvio, no lo hicieron hasta que no les quedó otro remedio. Y muy dignos ellos me dijeron que abrir el techo era la única opción, para no morir achicharrados.

Como dijo el gran Albert Einstein: “si quieres resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Si es que esto de quejarse de lo que no nos gusta, de los objetivos que no conseguimos, del trabajo que no queremos, del entorno personal que no nos llena… está muy bien. Pero lo mejor es pensar en ello lo justo. Hay que dedicarle más tiempo a pensar cómo lo podemos cambiar y ponerse a ello. Instalarse en la queja permanente no ayuda a nuestra paz interior, solo debe servirnos para ver dónde estamos y adónde queremos llegar.

¡Buen fin de semana!

¡Yo también quiero ser Kilian Jornet!

Unos de los mayores placeres de la vida es viajar. Y lo puedes hacer, aunque tengas un presupuesto bajo. No hace falta ser millonario. Puedes ahorrar un poco cada mes y cuando tengas lo que necesitas, visitas ese destino, cumples ese sueño. 

Hace unos seis meses me hice una promesa. Si cumplía uno de mis objetivos, difícil pero no imposible, me iría de viaje a uno de mis destinos de mi lista de pendientes. 

Lo conseguí así que cumplí mi promesa. Y estoy más que satisfecha. La pregunta que me hice el primer día que la visité en el bus turístico fue: ¿y por qué he tardado tanto en venir?.

La verdad es que es una ciudad increíble. Caótica, alegre, rica en historia, con ciudadanos mediterráneos, comida muy similar a la nuestra, sol y buen clima. Ahora si, hay que venir con ganas de “patear” y “patear”. Calzado cómodo y ropa adecuada. Como en otras grandes ciudades (Paris o Londres, por ejemplo) hay en cada esquina cultura e historia que aprender. 

Y como todo en esta vida, siempre hay cosas que podían haber salido mejor (el hotel o la reserva anticipada de taxi al aeropuerto, que resultó fallida). Son lecciones aprendidas para mi próximo viaje. Ya tengo un par de destinos en mente… habrá que ir ahorrando, si señor. 

Lo que sí tengo claro es que viajar es una de mis prioridades. Y aunque el físico no siempre me acompañe, las ganas de vivir lo pueden todo. El ánimo lo puede todo. 

Y en este viaje me he acordado mucho de tí, abuelita, que hace una semana cumpliste 90 años. Te dediqué un texto de Teresa de Calcuta, del que os traslado un trocito que me gusta especialmente: 

“Mientras estés vivo, siéntete vivo. Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo. No vivas de fotos amarillas… Sigue aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en ti. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. ¡Pero nunca te detengas!”.

No hay que ponerse limitaciones, solo ser realista con los objetivos y capacidades. Pero conseguir, teniendo en cuenta estos principios, se puede conseguir todo en esta vida. Sino, que se lo digan al montañista Kilian Jornet, que hace apenas 10 días batió record mundial, subiendo al Everest en 26 horas… ¡quién dijo miedo!.

¡Buen fin de semana!