Un spa 5 estrellas

pendulo

Me cuenta una persona cercana a mi que ha estado con una amiga, alojada el fin de semana en un Spa 5 estrellas y en régimen de media pensión. Que el trato fue excelente, que las instalaciones estaban muy bien y que no tuvo queja alguna de nada… excepto de una cosa. Después de la cena, pidió una copa en la cafetería. El camarero se la sirvió y esa persona le solicitó un par de rodajas más de limón. Se las trajo en un platito. Cuando acabaron, pidió la cuenta junto con la de la cena. Asombrada, leyó que por la cena le cobraban lo mismo que por la copa. O por la copa lo mismo que por la cena.

Mi amiga se levantó, indignada, habló con el camarero y le pidió la carta de copas. La rebuscó por los armarios y al final la encontró. Le dijo que no estaba conforme con esta situación y acudió a recepción. Con serenidad y amabilidad, informó a la persona de recepción de que no pensaba pagar la copa exponiendo los motivos.

Para asombro de mi amiga, tanto el camarero como el recepcionista indicaron que tenía razón. Sin discutir ni un ápice. Acordaron retomar la conversación a la mañana siguiente, que estarían los jefes de recepción y de sala.

¿Cómo acaba la anécdota? Pues le cobraron la mitad de las copas, porque el hotel entendió que la situación era injusta. Sin pelear, sin discutir, sin hacer sentir mal al cliente por haber tenido la osadía de decir en voz alta, con educación y calma, que no estaba conforme con un precio, porque la carta de precios no estaba a disposición del cliente.

¿Valoración del hotel por el cliente en Trip Advisor? 10, sin duda.

Y esta historia tiene mucho que ver con un artículo de El País, que leí hace unos días, sobre El péndulo asertivo. Explica que la asertividad representa el punto medio entre dos extremos: la pasividad y la agresividad. Controlar el efecto péndulo supone una tarea, a menudo, difícil. Porque lo lógico es que ante situaciones que nos pueden afectar, tomemos la decisión de callar y acumular o por el contrario decir todo lo que pensamos, sin filtro. El artículo expone que los extremos (de ira o de callar) son perjudiciales en el corto y medio plazo. Reeducar la forma de expresar las emociones es como el hábito de hacer deporte. Hay que marcar una rutina y proponerse no saltársela nunca.

Seguramente, todos hemos pensado alguna vez en manifestar nuestra disconformidad con alguna circunstancia, como clientes. En mi caso, más de una vez me he callado por pensar en el mal rato que voy a pasar por exponer mi queja. Sin embargo, creo que hay que acostumbrarse a decir las cosas. Con educación y calma. Con sinceridad y templanza.

Y esto que pienso, de ser valiente y no callarse, vale también para otros ámbitos de la vida, personal y profesional. Porque como yo siempre digo “lo que no se expresa, se queda dentro y … se pudre el alma“.

Buena semana, de enero.

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El perfume y la palabra

 

foto perfume

Hace unos días empecé a seguir en Instagram a Elvira Sastre. Para los que no tengáis el lujo de conocerla os cuento que es escritora y traductora literaria. Os recomiendo encarecidamente que la leáis con calma. Me encanta su especial sensibilidad para poder expresar los sentimientos con la palabra.

Y mira que es tarea difícil, porque no nos educan para decir lo que pensamos ni sentimos. Nuestros enfados, disgustos, alegrías, desengaños… nos los tragamos a menudo. Y eso que ahora está más de moda expresarse, y tenemos a nuestro alcance herramientas, como por ejemplo el coaching, para poder gestionarlos y canalizarlos adecuadamente.

Mi experiencia me dice que en la época de nuestros padres y abuelos era aún más complejo, porque las personas no podían permitirse el lujo de hablar, llorar o desanimarse. Sino eras un ñoño… un flojo con poca personalidad.

Hoy no está tan mal visto expresar cómo te sientes, a menos que te creas responsable de ser siempre el ejemplo perfecto para no fallar a los tuyos. Una extendida falsa creencia que ha hecho mucho daño y que no nos aporta nada bueno.

Os comparto este verso de esta escritora, que me encanta y que me recuerda algunas cosas buenas que me han pasado en la vida:

Qué difícil es morirse después de oler el perfume de tus manos en el cine.

Cada uno sabrá qué perfume tiene para seguir, depende de nosotros saber qué nos motiva a continuar. Pero hagámoslo siempre con el corazón y no solo con la cabeza. Sino, nos perderemos lo mejor que tenemos… las relaciones humanas.

 

Año viejo

Hay una costumbre colombiana que se celebra hoy, y que es muy popular. Se quema antes de la medianoche, un muñeco parecido a éste, de tamaño natural. Es de trapo y está relleno de pólvora y serrín (¡para que arda mejor!).

Su quema simboliza la despedida del “año viejo”. En el interior del muñeco, cada persona que participa de la quema, ha incluido la lista de cosas escritas en un papel que quiere que desaparezcan de su vida, que se vayan con el año viejo

Mañana, el primer día del año, la costumbre es hacer una lista de deseos para el año nuevo. Se guarda doblada. Es la lista de los propósitos para el que empieza. Se va revisando durante el año y cuando este acaba, se revisa y valora si se han conseguido o no.

Me parece una buenísima costumbre que voy a incorporar a las mías. Y empezaré hoy, quemando lo que quiero que salga de mi vida, porque no me aporta… porque no me suma.

Feliz año nuevo a todos. ¡Un abrazo fuerte!

¿Eres realmente rico?

Un sabio dijo:

“Solo serás realmente rico cuando tengas algo que el dinero no pueda comprar.”

Y que cierta es la frase, y apropiada para estas fechas. Tanto luchar por tener, por conseguir, por aparentar… como si nos lo pudiéramos llevar a la tumba, ¿no?.

Te propongo que escribas en un papel qué cosas tienes, que te hacen rico de verdad, y que no puedes comprar con dinero. Luego pon ese papel en un lugar visible para ti, para poder leerlo a menudo.

Cuanto más mayores nos hacemos, menos memoria tenemos… y se nos olvida, a menudo, lo importante.

Buena semana para todos.

Mi Navidad

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Hace unos días, mi abuelita me pidió que en su nombre, dijera unas palabras acerca de lo que podía implicar para mi, la Navidad. Y desde ese día, pienso en qué cuento a mi familia, que todos estos años no nos haya dicho ella. Qué enseñanza puedo aportar de cómo podemos tener una vida con más sentido, más allá del dinero y el trabajo, y valorar lo que supone para nosotros, celebrar la navidad.

Y la verdad es que a varias personas de mi familia, durante el año los veo poco o prácticamente nada. En actos familiares ocasionales en los que solemos hablar y “hacer familia” si coincidimos en la mesa o cerca. Pero sino, cada uno hace su vida (lo cuál es lógico y normal, por otro lado) y como los días pasan rápido, no queda tiempo para compartir y demostrarnos que nos queremos. Me faltan esas llamadas o mensajes para ver cómo estamos y si necesitamos algo, porque por eso somos familia, ¿no?.

Pero como os digo, los días pasan rápido y justo en estas fechas, me ha llegado una foto de whassapp que me decía: “¿qué harías si te quedara solo un año de vida?. ¿qué cosas incorporarías a tu vida y qué cosas dejarías de hacer?”.

Y si no lo pienso mucho, se me ocurren deseos como viajar o conocer a alguno de mis ídolos. Pensándolo un poco más, si tuviera la oportunidad de haber podido elegir, dejaría de trabajar para vivir más mi vida, pero también mantendría abierto un despacho de abogados, para llevar solo los casos que me gustaran. Pero cómo esa decisión, ya la han tomado por mi, pienso que si solo me quedara un año de vida, cada día pensaría en cómo aprovecho el tiempo al máximo, para que ningún día sea un día perdido.

Una persona, a la que quería mucho, me dijo la última vez que la vi: ”la vida pasa demasiado rápido”. Esa frase martillea a menudo en mi cabeza y siempre he procurado que esas palabras sean para mi una enseñanza de vida. Hay unos versos de un poema del gran escritor Gabriel García Márquez, que quizás reflejan lo que intento expresar:

“Si supiera que esta fuera la última vez que te viera salir por la puerta, te daría una abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. 

Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, diría “te quiero” y no asumiría tontamente, que ya lo sabes. Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer bien las cosas, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que me queda, me gustaría decirte cuanto te quiero.”

Yo no soy nadie para enseñar nada. Solo me gustaría que, por un momento, vierais la navidad como quiero verla yo. Para mi, la navidad no es una carrera de comidas y cenas, regalos y fiestas. La navidad es el momento de parar y pensar en cómo hacemos felices a los nuestros, en reflexionar si les demostramos que les queremos y en valorar todo lo bueno que tenemos.

Porque no siempre estaremos a tiempo de volver, no siempre tendremos otra oportunidad de hacer bien las cosas.

La inocencia

inocencia

Coincido con Pol (que tiene 5 años y es el niño más guapo del mundo) en casa de mi hermana.

Me pregunta sin tapujos:

  • “¿han venido los ladrones a tu casa?.”

 Le contesto :

  • Si, pero no te preocupes, porque he puesto cámaras y alarma. Ya nunca más podrán entrar en mi casa. ¿Te parece bien?.

 Sonríe, como él suele hacerlo, de forma pícara y ojos brillantes, y me dice:

  • Si claro, los malos ya no pueden volver, saltaría la alarma.

 Y yo aprovecho para decirle:

  • “¿Sabes?, ahora tengo otro problema. Los Reyes Magos no podrán venir porque saltará la alarma. He pensado que los traigan a la tuya. ¿Te parece bien?.

 Me mira, con los ojos cada vez más grandes y pupilas dilatadas, y me contesta:

  • Bueno, bueno. Me parece bien, pero ¿cómo sabremos cuál es tuyo y cuál es mío?.”

Me parto de la risa, por su ocurrencia tan y tan divertida. Le contesto:

  • A ver, es obvio. Que pongan mi nombre en los míos.”

 Él se queda conforme y me promete incluir mi lista de regalos en su carta.

 Moraleja,

Disfruta y aprende de los niños de tu casa, porque un día crecerán y esa ternura e inocencia desaparecerá. Se convertirán adultos sin magia y … ya nunca será lo mismo.

 

 

 

 

 

Un apartamento sin fotos

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Me mandan esta semana una imagen de whatsapp con un texto bastante largo, que habla de que la vida hay que saborearla despacio y sin pretender quemar todas las etapas antes de tiempo. Acaba con una frase que me ha gustado especialmente y que reza: “tenemos dos vidas y la segunda empieza cuando te das cuenta de que solo tienes una“.

Esta última frase me ronda la cabeza desde que la leí. Y es que todas las personas vamos sumando años, asumiendo roles distintos y consiguiendo objetivos. Cuando ya estás en la madurez de la vida, poco a poco te vas dando cuenta de que no siempre disfrutamos de los éxitos, pequeños o grandes, como toca. Me considero joven pero he vivido mucho, y en ocasiones demasiado rápido e intenso. Esta velocidad no siempre es buena.

Hace tiempo comprendí que no quería que llegase un día en que me diera cuenta que mi vida se había reducido a un apartamento, frío, vacío, sin recuerdos ni fotos que poner en un marco ni colgar en una pared, porque no había anécdotas ni viajes, ni comidas con amigos o pareja, ni experiencias … porque, el resumen de mi vida era que no tenía vida.

Por eso, para esas personas que queráis dar un cambio de rumbo, os recomiendo que leáis despacio este fragmento del poema “No te rindas” de Mario Benedetti que dice así:

“No te rindas, por favor, no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se ponga y se calle el viento. Aún hay fuego en tu alma, aún hay vida en tus sueños, porque cada día es un comienzo, porque esta es la hora y el mejor momento, porque no estás solo”. 

Siempre es un buen momento para cambiar, a mejor, siempre. No tengáis miedo, saldrá bien seguro.

Buen fin de semana.